Paneles solares en el espacio

Como presidente de la Asociación de Energía del Espacio, una organización internacional concentrada en ese esquema visionario, John Mankins sabe a ciencia cierta todo el escepticismo que engendra. Pero su última demostración técnica fue diseñada para que la idea pueda sonar más práctica.

Mediante la transmisión de microondas desde Maui a la vecina isla de Hawai, Mankins ha demostrado que la energía puede ser difundida a través de la atmósfera. La demostración en pequeña escala, que demoró cuatro meses en prepararse y costó menos de un millón de dólares, fue difundida en fecha reciente en el Canal Discovery, en el programa Project Earth.

Mankins dice que la tarea, que convocó a especialistas de Estados Unidos y de Japón, muestra que “es posible hacer progresos verdaderos de manera rápida, asequible, y a nivel internacional”.

Inclusive en una tarde soleada, la atmósfera terrestre absorbe o disemina la mitad de los rayos del sol. Los paneles en el espacio podrían recolectar el conjunto en su totalidad: 250 vatios por metro cuadrado. Y esa energía estaría disponible siete días por semana, 24 horas al día, sin ser interrumpida por las nubes o por la noche.

La energía podría entonces ser enviada a la superficie en la forma de microondas que, a diferencia de la luz solar, puede pasar sin dificultades a través de una capa de 100 kilómetros de espesor de la atmósfera que rodea nuestro planeta.

Mankins y su equipo trataron de demostrar que esta parte de la idea podía sostenerse.

Un conjunto de ocho transmisores en la cumbre del volcán Haleakala, en Maui, envió un pulso de 20 vatios que fue recogido por detectores en el Observatorio Mauna Loa, en la Gran Isla de Hawai, a más de 100 kilómetros de distancia. Pero el haz de luz no estuvo bien alineado y la energía recibida fue de apenas fracciones de un microvatio.

El investigador Mankins espera que su demostración llame la atención de agencias encargadas de financiar proyectos de energía solar con base en el espacio.

Él calcula que con menos de $10.000 millones podría poner en órbita, para el año 2018, una planta piloto de 510 megavatios, usando lanzadores convencionales de satélites.

Entusiastas dicen que la tecnología para recolectores de energía solar y de transmisión inalámbrica de energía podría concretarse en el mediano plazo. Previamente, se pensaba que era un sueño imposible.

“Pienso que es una idea que podrá llevarse a cabo”, dice Roger Harrison, director del Centro Eisenhower para el Estudio del Espacio y de la Defensa, en Colorado Springs.

El problema son los excepcionales costos. Mankins imagina grupos de miles de satélites transmitiendo energía a centenares de receptores diseminados por todos los continentes.

Roger Angel, un astrónomo de la Universidad de Arizona en Tucson, dijo que tal sistema no puede competir con alternativas terrestres mucho más baratas. En la actualidad, dice Angel, cuesta unos $20.000 enviar un kilo de materia al espacio.

La demostración de Hawai es un pequeño paso, destinado a sugerir el potencial de la energía solar basada en el espacio exterior. Pero el hecho de que se haya podido hacer esa prueba, es en sí un logro. “Ese campo de estudio está saturado de artistas gráficos”, dice Harrison. “Pero los artistas gráficos pueden poner cualquier cosa en el espacio. John Mankins ha hecho algo real, y creo que eso merece nuestra admiración”, agregó.