El reto de la energía limpia

Los planes del presidente Barack Obama para sacar a Estados Unidos (EU) de la recesión descansan, en parte, en una tarea mayor que el lanzamiento de una nave a la Luna y el Proyecto Manhattan juntos.

Su objetivo, en el cual los presidentes anteriores han gastado sin éxito más de 100 mil millones de dólares (mdd), es sustituir el petróleo importado y otros combustibles fósiles “con una economía de energía limpia” impulsada por viento, sol y biocombustibles.

Hay algo sustancial en juego. Si Obama tiene éxito, podría propiciar un auge del empleo en su país y librar una lucha internacional contra el cambio climático. Si fracasa, los altos precios de los energéticos podrían paralizar las industrias existentes y empobrecer a los estadunidenses de recursos medios.

“En esencia necesitamos una segunda Revolución Industrial que genere mucha energía limpia, a bajo precio, de forma sustentable”, expresó el secretario de Energía, Steven Chu –físico ganador del premio Nobel– durante una entrevista.

El éxito depende de que Obama pueda conseguir que las fuentes de energía alternativa no cuesten más que los combustibles fósiles, esfuerzo que según la mayoría de expertos requerirá de grandes dosis de inteligencia, dinero y manipulación de los mercados.

También requiere eliminar la mayoría de las barreras que frustraron a los predecesores de Obama, como cuellos de botella en tecnología, escasez de capital para financiar la innovación y, en especial, los desalentadores factores económicos que una y otra vez estropean las buenas intenciones.

Para que la energía renovable sea competitiva, expresan Chu y otros funcionarios, el gobierno pretende modernizar la investigación en energía e invertir más en ella, comenzando con los miles de millones de dólares incluidos en el paquete de estímulos económicos; crear demanda de energía limpia, obligando a las fábricas a recurrir a fuentes renovables, como turbinas de viento y paneles solares; tender miles de kilómetros de líneas de transmisión para llevar energía solar y de viento a los consumidores, e imponer un gravamen de facto a los combustibles fósiles al fijar un tope nacional para emisiones de gas de invernadero.

A finales de este año, la inversión del Departamento de Energía a lo largo de 35 años de investigación sobre energía limpia excederá el costo total –ajustado a la inflación– del programa Apolo, que envió a los estadunidenses a la Luna, y del Proyecto Manhattan, que desarrolló la bomba nuclear: alrededor de 117 mil mdd en conjunto.

Esa investigación, dicen los economistas, ha producido la energía eólica, solar y otras fuentes alternativas de energía más barata. Pero los combustibles fósiles siguen siendo aún más baratos.

Las fuentes renovables representan casi el mismo fragmento de la energía que consume EU que hace tres décadas, alrededor de 7%, en tanto que la dependencia del país en el petróleo importado se ha duplicado.

Los expertos dicen que serviría destinar más dinero. El gobierno federal invierte casi la misma cantidad en investigación energética, ajustada a la inflación, que en 1968: alrededor de 3 mil mdd.

Apenas el año pasado, el sector privado comenzó a superar la inversión gubernamental en investigación energética, según un nuevo estudio de Daniel Kammen, director fundador del Laboratorio de Energía Renovable y Apropiada de la Universidad de California en Berkeley.

“La energía es el mayor rubro del gasto nacional –dijo Kammen en una entrevista– y la hemos descuidado.”

La inversión subió en los problemáticos años 70, luego descendió en los 80 y 90. Y crecía de nuevo en años recientes hasta que la crisis financiera congeló el crédito.

“Si queremos avanzar como país y atender la seguridad energética, tenemos que resolver la crisis crediticia en lo concerniente a la industria de energía”, señala John Denniston, socio de la empresa de capital Kleiner Perkins Caufield & Byers.

Además está la pregunta de cómo se invierten los fondos para investigación. En un informe reciente, la Institución Brookings apremió al Departamento de Energía a participar más estrechamente con la academia y el sector privado para introducir al mercado una tecnología de energía limpia que sea mejor y más barata.

El informe sugiere que la investigación de hoy debería tomar como modelo los servicios de extensión agrícola regional, creados a finales del siglo XIX, que promovieron avances en cosechas e industria.

“La agricultura requirió de nueva tecnología y una revolución verde –dijo James Duderstadt, ex rector de la Universidad de Michigan y principal autor del estudio. Pero sólo pudo a entrar al mercado al trabajar de la mano con los agricultores a nivel regional.”

Chu informó la semana pasada que reclutaría a “las personas más inteligentes” para el Departamento de Energía y les encargaría tecnología de energía limpia. Pero para reducir precios, dijo, el gobierno debe apoyar a esas fuentes a “crecer” a un tamaño que les permita competir con las grandes petroleras y otros proveedores de combustible fósiles.

A los defensores del libre mercado no les gusta la idea. Las políticas que Chu y Obama creen que impulsarían la demanda de renovables, como un mandato de electricidad y un tope de emisiones, “podrían incrementar los costos de la energía para los consumidores y de una extensa serie de mercancías de energía intensiva, reducirían el crecimiento del PIB y suprimirían empleos”, aseguró en un informe reciente el Instituto para la Investigación en Energía.

Los investigadores de energía limpia dicen que el gobierno ha favorecido los combustibles fósiles por mucho tiempo, al ofrecer deducciones fiscales y subsidiar sistemas de transportes, como los ferrocarriles, que llevan carbón a las centrales eléctricas.

Stephen Long, investigador de biocombustibles en la Universidad de Illinois, aseveró que sin esos subsidios, muchos biocombustibles podrían competir con el carbón como fuente de energía asequible. Considerando el área terrestre de EU y el talento de investigación, expresó Long, no hay ninguna razón por la cual la energía limpia no pueda sustituir algún día a los combustibles fósiles por completo.