El Futuro De La Energía Solar Fotovoltaica

en Energía Solar Fotovoltáica

Cada día más personas son conscientes de que utilizadas debidamente, las técnicas energéticas sirven de instrumento para lograr el bienestar, pero que la continuación de las tendencias actuales puede degradar el entorno y propiciar una existencia sórdida. El problema no está en conocer la cantidad de energía que necesitamos, ni en saber cuánto nos costará, ni en saber desde ahora, qué tecnologías tenemos que desarrollar, o cómo haremos para distribuir la energía. El problema está en saber si conocemos el sentido real de para qué sirve todo esto.

Sociológicamente, se ha impuesto un modelo de vida despilfarrador de energía, pero pensar que la sociedad adoptará de forma espontánea un género de vida energéticamente más conservador y respetuoso con el medio ambiente es sólo una hipótesis. Ahora, en un mundo sometido a profundos cambios tecnológicos y socioeconómicos, ya no resulta fácil detenerse un momento y reflexionar.

La energía solar es la única fuente renovable que puede proporcionar unas condiciones de vida que convenzan a más de dos mil quinientos millones de personas de todo el mundo. Todas las sociedades antiguas rindieron homenaje al Sol. La cantidad de energía solar que incide anualmente en la Tierra es diez veces superior a las reservas de combustibles fósiles y uranio juntas. El Sol es el origen de casi todas las fuentes de energía renovable.

No es posible intentar pronosticar cuáles serán las aplicaciones fotovoltaicas que mayores desarrollos experimentarán a partir del año 2002, ya que todas se están consolidando. Tampoco es preciso conocer y analizar la evolución vivida durante los últimos veinte años, para darse cuenta del enorme futuro que le espera a la tecnología fotovoltaica. Desde que la conservación de las fuentes de energía no renovables empezó a tratarse como una necesidad, los desarrollos que se han producido en el aprovechamiento de las energías renovables han sido espectaculares. El actual mercado fotovoltaico crece de forma contundente a un ritmo superior al 17% anual. Se están produciendo grandes y significativos avances para articular el mercado. Pero ahora, la inercia existente favorece a las fuentes energéticas más contaminantes, debido al incorrecto funcionamiento de un sistema de precios que no refleja su auténtico coste real económico, social y medioambiental. No obstante, todo el sector de la energía evoluciona amparado sobre la importancia que hoy por hoy tiene la liberalización económica y la protección del entorno natural.

La energía fotovoltaica nos brinda la oportunidad de reducir costos administrativos. Por ejemplo, para la implantación de la energía solar no se requieren normas de seguridad especiales, ni restricciones a los escapes de gases, ni reglamentos especiales sobre residuos, ni estaciones de control de la contaminación.

Como característica principal de su fortaleza y de su futuro, ésta energía muestra una excelente capacidad de trabajo con otras fuentes de energía. Podemos encontrar instalaciones fotovoltaicas trabajando con centrales nucleares, hidroeléctricas, y de todo tipo. La polivalencia que muestra la fotovoltaica es muy grande, hay instalaciones que trabajan con la red eléctrica de distribución, otras a lomos de un camello, otras ensambladas en un satélite artificial, encima de una señal de tráfico, en un reloj de pulsera, en el Polo Sur, etc. La lista es tan grande como variopinta.

Si solamente el 2% de los edificios europeos dispusiera de sistemas fotovoltaicos se podrían crear alrededor de 100.000 empleos. La tecnología fotovoltaica producirá con el tiempo un efecto multiplicador sobre el empleo, dado que la gran mayoría de los puestos de trabajo se generarán en las áreas de destino de las instalaciones. Además el empleo fotovoltaico resulta especialmente beneficioso porque asegura continuidad en el tiempo no presenta estacionalidad, se distribuye por todo el territorio y precisamente en aquellas áreas que más necesitan el estímulo del desarrollo económico.

Los gobiernos occidentales están redefiniendo sus papeles en el sector de la energía, y el tirón que supone éste giro obliga a las grandes empresas a seguir muy de cerca los cambios que se están introduciendo. La mayoría de los cambios políticos que se están produciendo se inscriben dentro de una de estas cinco categorías: reducir las subvenciones a los combustibles fósiles; reorientar los gastos en investigación y desarrollo ( I+D )en las nuevas tecnologías; redactar nuevas normativas; reencauzar la ayuda energética a los países en desarrollo; y abrir mercados energéticos antes cerrados a más participantes y a una mayor competencia.

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