Agua Caliente con Energía Solar en Chile

Chile está impulsando un programa de viviendas ecológicas para la clase humilde de la capital y otras ciudades del país, un plan que ya estaba en marcha antes del último gran terremoto que ha sufrido el país y que ahora sigue adelante. La clave estará en la instalación de paneles solares en unos hogares donde nunca antes han tenido agua caliente.

Jacquelin Marín no tiene agua caliente en casa. Durante un tiempo, tampoco tuvo casa. Pero muy pronto tendrá las dos cosas y se duchará con agua calentada por el sol. Marín y sus vecinos forman parte de un programa piloto que instalará calentadores solares para familias de escasos recursos. Para Chile, un país con una fuerte desigualdad económica y escasez de combustibles fósiles, es una forma de ayudar a los pobres y también de reducir las emisiones de gases del efecto invernadero.

La variedad climática de Chile dificulta la posibilidad de aplicar una solución única para todo el país. Por ahora, el programa comenzará en tres zonas: 125 viviendas en Santiago, la capital; 68 en Curanilahue, un pueblo minero a 595 kilómetros al sur de Santiago y otros 115 hogares en Combarbalá, 531 kilómetros al norte, en una zona donde comienza el desierto.

“Nunca tuve un calentador de agua, ni un marido que lo instalara ni el dinero para mantenerlo”, declara Marín, de 39 años. En 2002, Marín participó en una “toma de terrenos” en una zona marginal llamada Vista Hermosa, en la parte occidental de Santiago. Los enfrentamientos con la policía, los camiones lanza-aguas y el gas lacrimógeno no fueron suficientes para acabar con los okupas. Se quedaron allí y construyeron sus casas con lo que pudieron.

Marín y sus vecinos de las chabolas crearon una cooperativa de viviendas para convertir las endebles casas en verdaderos hogares. Ahorraron dinero, realizaron manifestaciones y presionaron a las autoridades hasta que finalmente las 125 familias del lugar recibieron ayudas del gobierno para construir viviendas de protección social. “Sólo 20 de las personas que lo solicitaron eran hombres”, afirma Leonardo Dujovne, del ministerio de Vivienda. “El resto eran mujeres”.

Fue una larga lucha y Marín, presidenta del comité “Juntas Podemos” reconoce que tuvo momentos de depresión, especialmente cuando tuvieron que mover sus pertenencias para que pudiera comenzar la construcción. Marín y el resto de okupas aguantaron mucho tiempo sin agua ni electricidad.

El frío del invierno y la lluvia se colaban por los tejados de hojalata e inundaban la zona. Algunos abandonaron la idea y regresaron a vivir con familiares, tan pobres como ellos. En las zonas de chabolas de Santiago, la gente que se aloja con familiares recibe el nombre de “allegados”.

Otros como Jacquelin, su marido y sus dos hijos, se mantuvieron firmes. Marín gana actualmente el sueldo mínimo (218 euros) como vigilante del lugar donde se construyen las 125 viviendas de Vista Hermosa. Su trabajo es cuidar los materiales y los pisos en construcción hasta que se puedan trasladar allí el próximo abril. “Es como recibir un coche nuevo”, afirma. “¡Y es un Mercedes Benz!”

La vivienda básica tiene dos plantas, dos habitaciones y una superficie total de 152 metros cuadrados. Se puede ampliar a tres plantas, con cuatro habitaciones y más de 228 metros cuadrados de superficie. Los muros internos se pueden cambiar de lugar. Los muros externos son bloques de hormigón aireado y los internos poseen millones de burbujas de aire para un mejor aislamiento térmico.

El techo y las paredes del baño están aislados con láminas de poliestireno, cubiertos por muros de mampostería sin mortero. Por último, todos los tejados tienen calentadores solares para obtener agua caliente. Los calentadores incluyen un panel solar para captar la energía, un tanque de almacenamiento para el agua caliente y un dispositivo para conectar el agua previamente calentada por el sol a un segundo calentador. Este aparato adicional funciona con gas y permite mantener o aumentar la temperatura del agua en invierno.

El coste de cada sistema de energía solar es de 1.636 euros. Este año también se prevé construir otras 297 viviendas en las cercanías. La inversión por hogar se acerca a los 15.650 euros. Una familia de cuatro personas que utiliza casi 40 litros de agua diarios a una temperatura de 46 grados centígrados podría ahorrar un 62 por ciento en la factura de gas.

Los nuevos estándares de aislamiento también reducen el consumo energético en un 45 por ciento en invierno y un 35 por ciento en verano, según el ministro de Energía Marcelo Tokman.

Chile es un país particularmente pobre en lo que se refiere a combustibles fósiles. Las cifras de 2007 indican que casi el 75 por ciento de la energía provenía de combustibles como el petróleo, el gas natural o el carbón. Ese mismo año, el país tuvo que importar casi el 100 por cien del petróleo y el carbón y una gran parte del gas natural.

En Chile, los productos derivados del petróleo pueden llegar a costar más de tres euros por cuatro litros. Y en un país donde el sueldo mínimo es de 1,45 euros por hora, la mayoría de los trabajadores utiliza el transporte público y, cada vez más, la bicicleta para ahorrar dinero. Fuente: chile-hoy.blogspot.com